Cuando adopté a Tomás, pasé meses intentando que estuviera calmado… hasta que un adiestrador me enseñó algo que lo cambió todo.
Compraba juguetes, pelotas, cuerdas, pero nada funcionaba, Tomás seguía igual de inquieto, hasta que me asesoré con un adiestrador y me enseñó algo que nunca había considerado...
No es cuántos juguetes tengas, ni cuantas veces vayas al parque… Es tener una rutina clara, como un calendario escolar, donde cada momento del día tiene un propósito.
Cuando empecé a aplicar esta rutina, todo cambió.